La terapia es el espacio co-creado entre paciente y terapeuta, con el fin de atender a aquellos malestares individuales y/o grupales que generan insatisfacción. Un espacio de apoyo donde el/la paciente irá adquiriendo las habilidades necesarias para enfrentarse a su mundo desde su propia percepción y vivencia. Es un lugar donde se facilita la toma de conciencia para aumentar la sensación de libertad sobre su propia vida.
En mi opinión, los primeros contactos son los más importantes. Es cuando paciente y terapeuta se conocen, se ponen voz y cara y es cuando surge el encuentro.
Cuando dos personas se encuentran, es cuando se puede ir en una misma dirección y trabajar recorriendo el mismo camino. La psicoterapia es el encuentro de dos personas: una que busca una ayuda para que pueda re-mostrarse aspectos que tenía silenciados y otra que está en disposición de escuchar y de servir de espejo.
En el primer encuentro, el/la paciente no sólo expone sus problemas y la terapeuta habla de su modo de trabajar, sino que se empieza a producir una conexión que promueve el futuro vínculo necesario para el proceso terapéutico… o no.
Por eso es importante este encuentro: para saber si ambas partes están cómodas y quieren empezar a trabajar conjuntamente. Ambas deciden si quieren o no. Ambas partes se conocen y ven el «feeling» que se generan.
Después del primer encuentro, las dos partes empiezan el compromiso con el proceso terapéutico de la paciente.
La duración del mismo depende del motivo de consulta y de la consecución de objetivos, así como de la salud global del paciente a lo largo del proceso.
Pero hay una cosa clara: todo lo nuevo que vaya surgiendo en realidad no es nuevo, sino que estaba ya en el/la paciente. La terapeuta ayuda a re-descubrirlo y siempre respetando su ritmo. Por este motivo, me parece complejo determinar una duración ya que cada persona tenemos unos tempos diferentes.